Espacio en español sobre las películas, los discos, su relación con España y todo lo que concierne al mundo del gran icono femenino de los 50-60. Por MATÍAS URIBE
La película con la que estalló el mito Bardot, o también comúnmente conocido como ‘bardolatría’. Se rodó en 1956 en Saint Tropez con guión y dirección de Roger Vadim. Una joven huérfana (Brigitte Bardot) es acogida por un matrimonio de avanzada edad que la pone a trabajar en un quiosco de prensa. El matrimonio la reprime y ella busca la emancipación con el arma principal de su físico. No hay hombre joven ni mayor que se le resista, con todos coquetea, aunque su punto de mira está en un viejo amor de infancia, el mayor de tres hermanos de una familia que se dedica al negocio de la restauración de barcos. Finalmente ni este ni un maduro industrial (Curd Jurgens) se casan con ella, lo hace el segundo de los hermanos (Jean Louis Trintignant). Pero el hermano mayor no disipa del pensamiento la mirada lasciva de la joven: un día mantiene relaciones sexuales con ella en la playa y entonces brota el manantial de venganza, celos, erotismo y hasta casi el asesinato que conduce al paroxismo de la película.
Antón Castro me ha entrevistado hoy en el Heraldo de Aragón, tanto en papel como en digital, con motivo de la edición de mi segundo libro sobre BB, ‘El mito femenino en España’. Mi agradecimiento al infatigable Antón. Mas como el papel no puede dar más de sí, me permito transcribir la entrevista completa, ‘en bruto’, es decir, las preguntas y respuestas tal cual se hicieron y se contestaron. Ah!, un modesto regalo de cumpleaños a distancia para BB, que hoy cumple 86 años. ¡Felicidades!
Ya le habías dedicado un libro a Brigitte Bardot. ¿Por qué otro, qué crees que te había quedado sin contar?
Fue un acto impulsivo y rápido. Leí un reportaje en un suplemento dominical de un conocido periódico y vi unos cuántos gazapos que me llevaron a escribir este segundo libro. Pero también había nuevas cosas que contar, especialmente la visión de BB por parte de las revistas de la época, que, a fin de cuentas, junto a los periódicos, fueron las que perfilaron la imagen de la actriz ante los españoles. Para ello me hice con un buen acopio de publicaciones de la época e investigué en archivos nacionales.
-¿Por qué impactó tanto, qué significó en la historia de la sociología europea?
Obviamente su físico y sus atrevidas películas, especialmente Y Dios creó la mujer, un choque frontal con la vida y costumbres cinematográficas del momento. En la sociología europea y mundial fue una visión y posteriormente un cambio radical en la existencia de la mujer, dotándola de autonomía, de liberación corporal y mental, de emancipación patriarcal y del varón, amén de la moda, cuyo eco sigue latiendo todavía en numerosas actrices y modelos. Una conocida firma ha lanzado ahora una serie de camisetas dedicadas a ella. Sin buscarlo, fue la primera feminista visible, impactante, del cine y de la historia social. Y toda una ‘influencer’, pasada y presente.
-Pasó de ser feúcha y con aparato a la moderna Venus. ¿Fue el primer gran mito sexual de Europa?
De Europa y del mundo occidental. La Hayworth y Marilyn no alcanzaron en absoluto el nivel de sexualidad femenina al que llegó BB.
-¿Qué le debe a Roger Vadim? ¿Sería para ella como Josef von Sternberg para Marlene Dietrich o fue un poco más allá y la convirtió en un icono sexual?
Al principio, todo; mucho más que Sternberg. Este fue descubridor y amante de Marlene, Vadim fue marido, impulsor de su carrera y casi director de su vida. La conocía muy bien y sabía lo que podía obtener de ella, de tal manera que la llevó hasta donde él quiso en su sexualidad, porque ella era la primera que deseaba mostrar su cuerpo como respuesta a la hipocresía social. Por rodar, empujada por Vadim, hasta hubo en el mismo inicio tomas pornográficas para contentar a su descubridor, Marc Allégret, un voyeur obsesivo.
-¿Qué pasaba con ella, qué elogios y críticas levantaba?
Uf, pasaba mucho. Allá por donde iba, despertaba una expectación y un acoso de fotógrafos y paparazzis como ninguna otra actriz mundial ha despertado, y sufrido. Tenía su domicilio rodeado día y noche, vigilada permanente, lo mismo con un fotógrafo escondido en un árbol a diez grados bajo cero que otro camuflado de submarinista para fotografiarla en su trozo de playa privada de La Madrague… Por no olvidar al presentador más popular de la televisión americana entrando como fontanero en su habitación del neoyorkino Hotel Plaza para cazar su intimidad. Un agobio del que se defendió escondiéndose, lo que obviamente causó antipatía y críticas, que, pese a todo, no taparon la admiración que millones de personas le profesaron. Otra cosa fueron las críticas cinematográficas, en las que quizá hubo más tarascadas que elogios.
-En ‘Heraldo’ estuvo muy presente siempre. Uno de sus primeros glosadores fue José Luis Borau. ¿Cómo la veía?
De manera excepcional, augurándole un futuro esplendoroso. Tuvo olfato y él, desde París, y el Heraldo fueron los primeros en España en escribir de BB. Borau decía que no tenía rivales.
-En cambio, Eduardo Haro Tecglen fue un poco más crítico.
El luego gran intelectual progre no se enteró de nada. No fue más allá de lo superficial y del tópico de ‘mujer guapita pero tonta’. Increíble.
-Hay un momento en que aludes a que encarnaba la ‘Lolita real’ y también “una nueva forma de ser joven”.
Cierto. Con cara aniñada y muy joven encarnaba, en cierto modo, a la Lolita nabokoviana. Y por supuesto, a una nueva juventud, como lo hizo Elvis con la música, curiosamente explotando popularmente los dos en el mismo año, en 1956. Mi admirado Agustín Sánchez Vidal centra el balón perfectamente en el prólogo de mi primer libro, afirmando que BB, frente a Marilyn, reformuló entonces la juventud como categoría sociológica.
-¿Qué significó ‘Y Dios creó a la mujer’, que se estrenó quince años después, en 1971, en el Avenida? ¿Cómo la vimos con retraso?
Significó un calambrazo moral en medio mundo, por lo que presentaba, por lo que mostraba y por lo que sugería. Algo inaudito para la época. Aquí llegó 15 años más tarde por culpa de la maldita censura franquista. Ni el falangista y ultracatólico Arias-Salgado, ni Fraga, ni Sánchez Bella la dejaron pasar hasta que, después de una larga pugna de la importadora con la censura, entró en 1971 por la gatera de los cines de Arte y Ensayo, pero con más cortes que un afeitado ‘parkisoniano’. Teniendo en cuenta que, en origen, en Francia, ya se le cortó una cuarto de hora, y que aquí las tijeras se ensañaron con ella, en el Avenida se vio una deformación total de la película, por lo que la misma crítica, ignorante del afeitado, señalaba que “no era para tanto”. Claro, le faltaba más de media hora del metraje original.
-Viajó mucho por España: quizá la anécdota más impresionante es la de los jóvenes sevillanos que la ven por la calle y se bajan los pantalones.
Un signo del ‘cafrismo’ carpetovetónico, quizá exagerado por la misma BB en sus memorias, pero en Sevilla la acosaron de manera absolutamente cavernícola, mostrándole hasta penes en erección.
-Anduvo por Málaga, Almería, varias veces, y la odió, estuvo en Granada y le fascinó. ¿Le gustaba algo de España? Creo que fue crítica con la gastronomía…
De España le entusiasmó especialmente el flamenco, que ella bailaba estupendamente, como se ve en ‘La femme et le pantin’. La Alhambra y el Albaicín la extasiaron, Torremolinos fue un paraíso natural hasta que estalló una brutal tormenta y huyó, en Marbella compró terreno y se puso la primera piedra para hacerse una casa, que luego no siguió adelante… Con la gastronomía no tuvo especial problema. Hubo cosas que no le gustaron y otras le entusiasmaron, que le pregunten por las patatas rellenas de caviar del Marbella Club…
-Aquí vivió dos situaciones amorosas, o más… Se citaba con Raf Vallone en Sevilla, quiso acostarse con un conserje, se dice que vivió un romance con Julián Mateos…
Lo de Raf Vallone fue en París, lo de Julián Mateos, un simple rumor… El único amorío real que tuvo en España fue con el galán mexicano Gustavo Rojo, cuyos pormenores detallo en este nuevo libro. Ella lo obvió en sus memorias, seguramente por el desenlace.
– ‘Heraldo’ llegó a publicar a principios de los 60 un serial sobre ella. ¿Tanto interesaba?
Mucho. La gente estaba ansiosa de ver su figura y no digamos sus películas, pero solo llegaron las ‘blancas’. Se hablaba mucho de ella, pero más por lo prohibido que por lo conocido aquí. Ya instalada como figura, fueron numerosísimas las portadas o ‘unes’, según las llaman los franceses, que le dedicaron las revistas españolas, desde Hola a Semana, y sobre todo, Triunfo.
-También vivió rivalidades y afinidades. ¿Es cierto que odió a Jeanne Moreau y que se entendió bien con Claudia Cardinale?
No, con la Moreau solo hubo un pique publicitario cuando ambas rodaban en México Viva María! Al ver que ella concedía entrevistas y hablaba de la película, BB se lanzó al ruedo e insólitamente abrió las puertas de la casa donde estaba instalada y concedió numerosas entrevistas y se dejó fotografiar. En un pispás empató el partido. La Cardinale la retó en exhibición dérmica de pectorales, pero no entró al trapo. Se llevaron muy bien mientras duró el rodaje en Madrid y Burgos.
-¿Cómo explicas que suscitase el interés de tantos intelectuales: Simone de Beauvoir, Marguerite Duras, Françoise Sagan o André Maurois?
Fue un fenómeno único e irrepetible. El nuevo modelo de mujer que inventó, su libertad y su modelada anatomía estuvo en la base de su magnetismo para atraer no solo a la gente corriente sino a los mismos intelectuales, deslumbrados por el cambio social que provocó y el fenómeno en que se convirtió. Materia totalmente sociológica.
-Dejó una imagen de antipatía, frialdad, endiosamiento. ¿Es cierto o es uno de los equívocos que se vierten sobre ella?
Un tópico. No era nada de eso, era simplemente la dificultad que tenía para llevar una vida medianamente normal fuera de los focos. Jamás, como he comentado anteriormente, se ha acosado a una actriz como se acosó a ella, ni antes, ni después, ni ahora. Es duro convivir con la fama, pero lo suyo fue un asedio casi bélico. Louis Malle lo retrató perfectamente en la película Vida privada.
-¿Por qué se intentó suicidar tantas veces?
Era muy débil de carácter. No sabía enfrentarse con valentía a las situaciones amargas, que no graves e insuperables, quizá como poso de indefensión ante el rígido dominio patriarcal que sufrió en su infancia, adolescencia y primera juventud. Los psicólogos tienen la palabra.
-¿Qué queda de la Brigitte Bardot que recuperas?
Físicamente, claro, casi nada, si acaso su sonrisa. Desde hace unos quince años camina con muletas debido a la gran artrosis que padece, pero en lo personal sigue siendo una mujer fuerte para lo que ama, muy entregada a los animales y tan libre de pensamiento y actitud moral como lo fue en su juventud. Se le acusa de lepenista, pero no ha militado en la extrema derecha, rechazando incluso cargos. Dice lo que piensa, moleste en un lado u otro, sin ideología, y lo mismo simpatiza con los ‘chalecos amarillos’ -hasta se ha fotografiado con la prenda en señal de apoyo- que condena la inmigración desordenada o no suscribe el Me Too. Mas lo que no se olvida y quedará para siempre serán sus años de cine y belleza. Ah, y de canciones. Lástima que, en España, con una miope, denigrante y ombliguista TV pública, esté desahuciada.
Nada hay de ficción en este relato. Los nombres de los personajes y los hechos que se narran en este nuevo libro fueron completamente reales. Brigitte Bardot, la principal protagonista de la historia, vino en numerosas ocasiones a España, entre finales de los años 50 y primeros 70, siendo este el país en el que más películas rodó, después de Francia. En Madrid se apasionó por el flamenco y por un galán del cine mexicano; de Torremolinos salió enferma huyendo a pie de los efectos devastadores de una gran tormenta; en Sevilla una turbamulta la manoseó y le mostró sus penes en la calle Sierpes; Almería fue un potro de tortura amorosa; Granada y la Alhambra la sumieron en el éxtasis; en Marbella quiso comprarse una casa; en Colmenar Viejo (Madrid) y Salas de los Infantes (Burgos) peleó cinematográficamente con Claudia Cardinale…
Su nombre, y su emergencia como gran estrella mundial del cine y como la primera y principal artífice femenina de la liberación del pensamiento y del cuerpo de la mujer, chocó, sin embargo, frontalmente con la férrea valla prohibicionista del franquismo. Ello generó ante los españoles una percepción deformada e incompleta de su vida y, sobre todo, de sus películas, muchas de las cuales, con la emblemática Y Dios creo la mujer a la cabeza, estuvieron censuradas durante muchos años, y otras ni llegaron a estrenarse.
A través de una exhaustiva investigación en archivos nacionales, hemerotecas, libros y revistas españolas se recompone el largo, lento y difícil camino de entrada del mito femenino en España. En nuestro país se habló de ella más por lo prohibido que por lo conocido, síntoma revelador de uno de los pilares más ostensibles y perniciosos de la ominosa dictadura de Franco: la censura.
De todo ello da cuenta este libro publicado por Amazon a principios de septiembre de 2020
Apenas dos meses después de Boulevard du Rhum, previo a las fiestas navideñas de 1971, se estrena en Francia Les pétroleuses, con Brigitte de nuevo en el Oeste falso de Madrid y alrededores (comienza en Hoyo de Manzanares y después se traslada a Burgos). Renfe presta uno de su viejos trenes para contar una historia satírica del viejo Oeste en la que dos bandas, dirigidas por una mujer –Brigitte y Claudia- aunque sus integrantes sean hembras en una y hombres en otra para que así la fiesta se anime más e incluso acabe en matrimonios, pelean por unos terrenos en los que hay petróleo, recurso más que explotado en el western pero que, llevado a terreno femenino, da la oportunidad al director para inventar gags y situaciones inéditas cuando no disparatadas, como la larga pelea en el barro entre Brigitte y Claudia a la que se ha aludido anteriormente. Como curiosidad, y dado que el rodaje se realiza en España, las componentes femeninas de la banda de Brigitte son femeninas, entre ellas Teresa Gimpera, Emma Cohen y la hispano-inglesa Patti Shepard, cuyo atractivo rostro de muñeca azul aparece reiteradamente en diversas películas del momento, por ejemplo, la muy pop 1,2,3, al escondite inglés, de Iván Zulueta.
Adjunto este interesante documental sobre el rodaje de la película al inicio de la entrada.
En mi libro comento el asunto de las escenas cortadas por la censura francesa a la película ‘Y Dios creó… la mujer’, que la misma Brigitte considera que fue como un cuarto de hora del total del metraje. Nunca se ha reeditado la película en formato alguno, y eso que recientemente lo ha sido en blue-ray, en su versión íntegra. Un lector cubano, residente en Nueva York, por cierto muy fan de la actriz, me escribe amablemente para contarme que él vio en la Cinemateca de Cuba de la Habana, hacia el año 65, la versión completa. Sorprendentemente a los pocos días me envía un enlace a la web vidoevo.com en la que aparecen algunas de aquellas escenas censuradas. Me dejan perplejo. Busco y las encuentro incluso en YouTube. No son todas obviamente, pero dan fe de los cortes, incluyendo en ellas el velado momento del cunnilingus en el dormitorio de la pareja B.B.-Trintignant. Ello hace pensar que en algún sitio tiene que estar ese cuarto de hora yugulado en origen y que algún día alguna empresa cinematográfica pudiera (o debiera) sacarlo a la luz. Por ahora, no obstante, no están mal estos 48 segundos.
Ya famoso por su conocida película À boute de souffle (Al final de la escapada), que estrenó en 1960, Godard quería trasvasar a la pantalla la novela del italiano Alberto Moravia Il disprezzo, publicada en 1954 en Italia, y pensó en Brigitte Bardot como protagonista. Aceptó, pero bajo su dirección y teniendo como partenaire a un Michel Piccoli, simpático pero lejos de su prototipo físico de hombre, el rodaje fue tenso por no decir angustioso. Brigitte no solo no se encontró cómoda sino que se preguntaba qué diablos hacía ella en una película como aquélla y en aquel cine de la nouvelle vague, que odiaba y que calificó de “intelectualidad mugrienta e izquierdista”.
La película narra la desintegración de una pareja sobre un fondo de alusiones a la literatura y al cine y a sus postulados intelectuales (muy propio de Godard y la nouvelle vague) mientras dentro de la película se rueda una nueva versión de La Odisea, acabando de forma trágica, con un accidente de tráfico en el que muere Brigitte y su amante con el que ha escapado. Lección de moralismo simplón al modo de “el que la hace la paga”.
Los planos iniciales
de la película se añadieron al final por imposición del productor Carlo Ponti
que necesitaba y urgía el desnudo de la actriz. Brigitte los rodó ‘por
exigencias’ del productor pero tan indiferente a ellos como a toda la película,
en que hizo lo que mejor pudo por profesionalidad pero muy a disgusto, hasta el
punto que ella la considera como su peor película.
Curiosamente, pese a ello, en la actualidad está considerada como una obra mayor del cine francés de los sesenta, un film de referencia que en junio de 2014 la popular revista Les Inrockptibles colocó como la segunda favorita de los franceses después de La maman et la putain.
Sin ir más lejos, he aquí una disertación sobre la película a cargo del experto Luis Aller
El pasado día 11 de junio, el prestigios diario español El Mundo se hizo eco del libro de Brigitte Bardot, publicado recientemente por el autor de este blog. Gracias mil.
‘En cas de malheure’ (1958) fue otra de las grandes películas de Brigitte Bardot. Con el entonces gran icono del cine francés, Jean Gabin, como partenaire de reparto, la película narra el enamoramiento apasionado de un maduro y prestigios abogado al que Brigitte recurre con malévolas artes seductoras (la famosa escena de levantamiento de falda) para que la saque del embrollo de un pequeño hurto que ha realizado en una tienda. Algo del mito nabokoviano de la Lolita americana sobrevuela por la película. La escena se censuró en Francia. En España se estrenó en 1970, por supuesto, sin el famoso fragmento de los ‘poderes púbicos’ de Brigitte. Lástima que la música estropee el sonido original…
Subtítulos en español. Buscar con Google en formato .srt. Merece la pena.
(Fragmento de mi libro ‘Brigitte Bardot. España, cine, discos y vida’)
Con una atinada e ingeniosa narración, hilada a través de dos líneas paralelas –la de la relación y la del juicio-, con excitantes sesiones en el juzgado, con las muestras disolutas de una bella joven que vive el ‘carpe diem’ sin aliento, con música de chachachá y rock’n’roll, el director compone una construcción visual de dos horas que transcurren en un chasquido, sin que quede un minuto libre para despegar la atención de la pantalla. En su formato de ‘película de juicios’, remite a grandes filmes del cine clásico americano como Testigo de cargo (Billy Wilder, 1957), Doce hombres sin piedad (Sidney Lumet, 1957) o Anatomía de un asesinat’ (Otto Preminger, 1959).
No extraña que Brigitte Bardot
haya considerado a La verité como la mejor película de su carrera,
aunque no se rodara en sus mejores condiciones personales y tuviera que
someterse a la tiranía de Clouzot, algo que se trasluce en la película. Por ejemplo, no son pocas las
veces que durante el juicio Brigitte aparece con lágrimas de glicerina en las
mejillas, pero para una de ellas necesitó lágrimas de verdad, para lo cual el
director la sometió a una humillación tremenda para provocarle el lloro.
Clouzot le contó una historia triste, desesperada, que no surtió efecto, por lo
que el director, furioso, le soltó dos bofetadas… Brigitte se quedó impávida e
inmediatamente se las devolvió. Terror. El silencio, el pavor, se cortaba en el
set de rodaje. Nadie jamás había osado tratar así al viejo y reputado maestro.
Más enfurecido aún, se lanzó hacia ella y le dio un tremendo pisotón en sus
pies desnudos que la hicieron gritar y llorar de dolor. ¡Cámara!, gritó
inmediatamente. Había conseguido su propósito: Brigitte lloraba. No obstante,
esta llamó a un gendarme para que tomara nota de lo sucedido y del estado de
sus pies para poner la correspondiente denuncia. Además, anunció que no
volvería al rodaje hasta que no se recuperase y el director no se excusase. El
rodaje se suspendió durante unos días. Cluzot, sin remilgos, obedeció y pidió
excusas: en su mano ya tenía lo que quería para su película.
Esta es la entrevista que el pasado sábado 25 de mayo de este año 2019 abría la sección de Cultura de Heraldo de Aragón. Ana Usieto me preguntaba muy bien sobre diversos aspectos de la trayectoria vital y artística de Brigitte Bardot. Y yo respondí lo mejor que supe, pero como el papel no es un chicle que se pueda estirar, algunas cosas quedaron fuera o incompletas, por lo que, con permiso de Ana, añado lo que quedó fuera.
-¿Cuánto ha jugado en contra de esta reivindicación la deriva de su imagen pública en los últimos años? A la ‘segunda’ BB, la lepenista, la dejas conscientemente fuera en el libro. Pero, ¿hasta qué punto la primera BB explica la segunda?
Yo no hablaría de deriva. Sobre ella se ha colocado el peso lepenista y aquí la ha aplastado, pero no creo que, en absoluto, sea una lepenista pura sangre. En tiempos conoció a Le Pen padre, pero eso no le afectó para proclamarse antiultra. En 1961 la OAS, organización de extrema derecha, la extorsionó económicamente e intentó asesinarla, a lo que ella respondió que no quería vivir en un país nazi. La primera BB, aun ya motivada por el animalismo, nada tiene que ver con la segunda y su obsesiva defensa de los animales. Por eso he dejado fuera esa segunda etapa, que sería más propia para los amantes de los animales o para militantes del PACMA. Ella misma ha diferenciado esas dos BBs, con sus tres autobiografías. A mí, y al público interesado en ella, le importa la primera etapa, la del cine y los discos, por eso la segunda ha quedado al margen. Amén de que daría para otro libro.
-¿Crees que hubiera sido mejor para ella, no solo en lo profesional, sino también en lo personal, si BB hubiera aceptado la llamada de Hollywood?
En lo personal, no. Brigitte era una mujer sencilla que tenía aversión al lujo, las pieles y las joyas. Hollywood, con su famoso glamour y boato, se le habría atragantado. No digamos ante un Weinstein cualquiera. Tenía mucho cuajo para protegerse. En lo profesional, por supuesto, la habría favorecido enormemente. Los americanos y su capacidad para construir obuses artísticos la hubieran aupado a los puestos de honor de las reinas de Hollywood, más en un momento en que Marilyn estaba decayendo y los mismos americanos ya habían caído rendidos a ella. El New York Times escribió, mofándose, que había llegado el momento de que Marilyn volviera a hacer calendarios. Pero en Brigitte Bardot, algo muy reseñable, prevaleció su pensamiento moral y su concepto político a raíz de la ejecución, en 1953, en la silla eléctrica del matrimonio judío Rosenberg por pertenecer al partido comunista. Ella sola fue repartiendo con su coche por las calles de París trozos de folio manuscritos en protesta por la ejecución y cuando la Mercury le envió un contrato suculento por siete años para filmar en Hollywood se lo devolvió en un sobre hecho trocitos en señal de protesta. Nunca trabajó en Estados Unidos por este hecho.
– En el libro recoges unas opiniones de Simone de Beauvoir: “Bardot no se preocupa en absoluto de la opinión que alguien tenga sobre ella, come cuando tiene hambre. El deseo y el placer le resultan más convincentes que los preceptos y las convenciones. Hace lo que le viene en gana…” ¿Hasta qué punto hubiera sido diferente la carrera y la vida de BB si se hubiera movido en un mundo con más presencia femenina en guiones, crítica, periodismo…? Parece que, por lo menos en aquella época, solo algunas mujeres entendían su figura.
No hubiera habido diferencia, creo. De hecho, estuvo rodeada de mujeres permanentemente, sus ‘amazonas’, como ella decía. Una mujer la dirigió en la última película que hizo, la más infame de todas, y, sobre todo, su manager fue durante toda su vida artística una mujer, Olga Horsting, que para Brigitte era su ‘segunda madre’ pero le destrozó su carrera profesional. Ella misma, Brigitte, pulió, corrigió, desechó guiones y cambió directores. Controlaba cuando quería. El talento no tiene sexo. La verité o Le mepris, amén de Y Dios creó la mujer, tres de sus cimas, las dirigieron hombres, pero las hubiera rodado igualmente si las hubieran escrito y dirigido mujeres, pero ciertamente tenían escasa presencia.
-BB dice que nunca luchó por la emancipación de la mujer. ¿Crees que lo decía convencida, lo pensaba de verdad, le hubiera ido mejor si hubiera asumido liderazgo consciente en el movimiento feminista? Al final, tuvo el mérito pero no el crédito…
Lo decía totalmente convencida, nunca fue feminista proactiva ni le interesó. Hizo lo que quiso y lo que le vino en gana, sin pensar en convertirse en adalid de nada. Es un caso paralelo al de Dylan, salvando las distancias. La izquierda americana lo encumbró (a Dylan) como el héroe contracultural, pero él se alejó de todo aquello, no quiso cooptación alguna, solo ser él mismo y cantar sus canciones, lo que le valió la famosa trifulca de Newport en 1965.
-Beauvoir, Cocteau, Maurois… Los intelectuales se interesaron mucho por su figura, pero en España sigue siendo prácticamente una caricatura.
Es la fatídica consecuencia del atávico analfabetismo de este
país. Es problema nuestro, no de ella, que de caricaturesca tiene poco, vamos,
nada. Otra cosa es cómo se la vea desde aquí por el peso negativo de los
últimos años.
Se tomó en uno de sus rodajes en Almería y fue la portada del libro ‘Plein la vue’ (2014) de Marie-Dominique Lelièvre, periodista de Liberation. Continúa la galería haciendo clic en el botón de siguiente.