Espacio en español sobre las películas, los discos, su relación con España y todo lo que concierne al mundo del gran icono femenino de los 50-60. Por MATÍAS URIBE
Subtítulos en español. Buscar con Google en formato .srt. Merece la pena.
(Fragmento de mi libro ‘Brigitte Bardot. España, cine, discos y vida’)
Con una atinada e ingeniosa narración, hilada a través de dos líneas paralelas –la de la relación y la del juicio-, con excitantes sesiones en el juzgado, con las muestras disolutas de una bella joven que vive el ‘carpe diem’ sin aliento, con música de chachachá y rock’n’roll, el director compone una construcción visual de dos horas que transcurren en un chasquido, sin que quede un minuto libre para despegar la atención de la pantalla. En su formato de ‘película de juicios’, remite a grandes filmes del cine clásico americano como Testigo de cargo (Billy Wilder, 1957), Doce hombres sin piedad (Sidney Lumet, 1957) o Anatomía de un asesinat’ (Otto Preminger, 1959).
No extraña que Brigitte Bardot
haya considerado a La verité como la mejor película de su carrera,
aunque no se rodara en sus mejores condiciones personales y tuviera que
someterse a la tiranía de Clouzot, algo que se trasluce en la película. Por ejemplo, no son pocas las
veces que durante el juicio Brigitte aparece con lágrimas de glicerina en las
mejillas, pero para una de ellas necesitó lágrimas de verdad, para lo cual el
director la sometió a una humillación tremenda para provocarle el lloro.
Clouzot le contó una historia triste, desesperada, que no surtió efecto, por lo
que el director, furioso, le soltó dos bofetadas… Brigitte se quedó impávida e
inmediatamente se las devolvió. Terror. El silencio, el pavor, se cortaba en el
set de rodaje. Nadie jamás había osado tratar así al viejo y reputado maestro.
Más enfurecido aún, se lanzó hacia ella y le dio un tremendo pisotón en sus
pies desnudos que la hicieron gritar y llorar de dolor. ¡Cámara!, gritó
inmediatamente. Había conseguido su propósito: Brigitte lloraba. No obstante,
esta llamó a un gendarme para que tomara nota de lo sucedido y del estado de
sus pies para poner la correspondiente denuncia. Además, anunció que no
volvería al rodaje hasta que no se recuperase y el director no se excusase. El
rodaje se suspendió durante unos días. Cluzot, sin remilgos, obedeció y pidió
excusas: en su mano ya tenía lo que quería para su película.
Esta es la entrevista que el pasado sábado 25 de mayo de este año 2019 abría la sección de Cultura de Heraldo de Aragón. Ana Usieto me preguntaba muy bien sobre diversos aspectos de la trayectoria vital y artística de Brigitte Bardot. Y yo respondí lo mejor que supe, pero como el papel no es un chicle que se pueda estirar, algunas cosas quedaron fuera o incompletas, por lo que, con permiso de Ana, añado lo que quedó fuera.
-¿Cuánto ha jugado en contra de esta reivindicación la deriva de su imagen pública en los últimos años? A la ‘segunda’ BB, la lepenista, la dejas conscientemente fuera en el libro. Pero, ¿hasta qué punto la primera BB explica la segunda?
Yo no hablaría de deriva. Sobre ella se ha colocado el peso lepenista y aquí la ha aplastado, pero no creo que, en absoluto, sea una lepenista pura sangre. En tiempos conoció a Le Pen padre, pero eso no le afectó para proclamarse antiultra. En 1961 la OAS, organización de extrema derecha, la extorsionó económicamente e intentó asesinarla, a lo que ella respondió que no quería vivir en un país nazi. La primera BB, aun ya motivada por el animalismo, nada tiene que ver con la segunda y su obsesiva defensa de los animales. Por eso he dejado fuera esa segunda etapa, que sería más propia para los amantes de los animales o para militantes del PACMA. Ella misma ha diferenciado esas dos BBs, con sus tres autobiografías. A mí, y al público interesado en ella, le importa la primera etapa, la del cine y los discos, por eso la segunda ha quedado al margen. Amén de que daría para otro libro.
-¿Crees que hubiera sido mejor para ella, no solo en lo profesional, sino también en lo personal, si BB hubiera aceptado la llamada de Hollywood?
En lo personal, no. Brigitte era una mujer sencilla que tenía aversión al lujo, las pieles y las joyas. Hollywood, con su famoso glamour y boato, se le habría atragantado. No digamos ante un Weinstein cualquiera. Tenía mucho cuajo para protegerse. En lo profesional, por supuesto, la habría favorecido enormemente. Los americanos y su capacidad para construir obuses artísticos la hubieran aupado a los puestos de honor de las reinas de Hollywood, más en un momento en que Marilyn estaba decayendo y los mismos americanos ya habían caído rendidos a ella. El New York Times escribió, mofándose, que había llegado el momento de que Marilyn volviera a hacer calendarios. Pero en Brigitte Bardot, algo muy reseñable, prevaleció su pensamiento moral y su concepto político a raíz de la ejecución, en 1953, en la silla eléctrica del matrimonio judío Rosenberg por pertenecer al partido comunista. Ella sola fue repartiendo con su coche por las calles de París trozos de folio manuscritos en protesta por la ejecución y cuando la Mercury le envió un contrato suculento por siete años para filmar en Hollywood se lo devolvió en un sobre hecho trocitos en señal de protesta. Nunca trabajó en Estados Unidos por este hecho.
– En el libro recoges unas opiniones de Simone de Beauvoir: “Bardot no se preocupa en absoluto de la opinión que alguien tenga sobre ella, come cuando tiene hambre. El deseo y el placer le resultan más convincentes que los preceptos y las convenciones. Hace lo que le viene en gana…” ¿Hasta qué punto hubiera sido diferente la carrera y la vida de BB si se hubiera movido en un mundo con más presencia femenina en guiones, crítica, periodismo…? Parece que, por lo menos en aquella época, solo algunas mujeres entendían su figura.
No hubiera habido diferencia, creo. De hecho, estuvo rodeada de mujeres permanentemente, sus ‘amazonas’, como ella decía. Una mujer la dirigió en la última película que hizo, la más infame de todas, y, sobre todo, su manager fue durante toda su vida artística una mujer, Olga Horsting, que para Brigitte era su ‘segunda madre’ pero le destrozó su carrera profesional. Ella misma, Brigitte, pulió, corrigió, desechó guiones y cambió directores. Controlaba cuando quería. El talento no tiene sexo. La verité o Le mepris, amén de Y Dios creó la mujer, tres de sus cimas, las dirigieron hombres, pero las hubiera rodado igualmente si las hubieran escrito y dirigido mujeres, pero ciertamente tenían escasa presencia.
-BB dice que nunca luchó por la emancipación de la mujer. ¿Crees que lo decía convencida, lo pensaba de verdad, le hubiera ido mejor si hubiera asumido liderazgo consciente en el movimiento feminista? Al final, tuvo el mérito pero no el crédito…
Lo decía totalmente convencida, nunca fue feminista proactiva ni le interesó. Hizo lo que quiso y lo que le vino en gana, sin pensar en convertirse en adalid de nada. Es un caso paralelo al de Dylan, salvando las distancias. La izquierda americana lo encumbró (a Dylan) como el héroe contracultural, pero él se alejó de todo aquello, no quiso cooptación alguna, solo ser él mismo y cantar sus canciones, lo que le valió la famosa trifulca de Newport en 1965.
-Beauvoir, Cocteau, Maurois… Los intelectuales se interesaron mucho por su figura, pero en España sigue siendo prácticamente una caricatura.
Es la fatídica consecuencia del atávico analfabetismo de este
país. Es problema nuestro, no de ella, que de caricaturesca tiene poco, vamos,
nada. Otra cosa es cómo se la vea desde aquí por el peso negativo de los
últimos años.
Se tomó en uno de sus rodajes en Almería y fue la portada del libro ‘Plein la vue’ (2014) de Marie-Dominique Lelièvre, periodista de Liberation. Continúa la galería haciendo clic en el botón de siguiente.
Fueron un total de 76 canciones las que Brigitte Bardot
grabó a partir de 1962 en que inició su carrera discográfica de forma diletante
y solo por amor a la música, hasta tal punto que, como ejercicio de relax, se
metía en un estudio de grabación tras una dura jornada de rodaje y era como,
tal que una deportista agotada, si recibiera una revitalizante sesión de baño y
masaje. Los shows televisivos no los cobraba y nunca quiso ‘hacer escenario’
para no convertir su devoción en obligación.
Abarcó una gama de estilos amplia y elástica porque no le gustaba encasillarse, aunque en las baladas, a mi gusto, era donde mejor se defendía, con su voz pequeñita, sensual y amorosa. Aquí presento mis 24 favoritas de todas las que grabó, empezando por Le soleil y ese tono embriagadoramente lánguido que le imprimía. Y luego una sucesión que en el libro están explicadas, para terminar con Je t’aime moi non plus, que estaría en primer lugar si no hubiera pasado a manos de Jane Birkin. Ustedes las disfruten.