Entrevista en Heraldo de Aragón

Antón Castro me ha entrevistado hoy en el Heraldo de Aragón, tanto en papel como en digital, con motivo de la edición de mi segundo libro sobre BB, ‘El mito femenino en España’. Mi agradecimiento al infatigable Antón. Mas como el papel no puede dar más de sí, me permito transcribir la entrevista completa, ‘en bruto’, es decir, las preguntas y respuestas tal cual se hicieron y se contestaron. Ah!, un modesto regalo de cumpleaños a distancia para BB, que hoy cumple 86 años. ¡Felicidades!

Ya le habías dedicado un libro a Brigitte Bardot. ¿Por qué otro, qué crees que te había quedado sin contar?

Fue un acto impulsivo y rápido. Leí un reportaje en un suplemento dominical de un conocido periódico y vi unos cuántos gazapos que me llevaron a escribir este segundo libro. Pero también había nuevas cosas que contar, especialmente la visión de BB por parte de las revistas de la época, que, a fin de cuentas, junto a los periódicos, fueron las que perfilaron la imagen de la actriz ante los españoles. Para ello me hice con un buen acopio de publicaciones de la época e investigué en archivos nacionales.

-¿Por qué impactó tanto, qué significó en la historia de la sociología europea?

Obviamente su físico y sus atrevidas películas, especialmente Y Dios creó la mujer, un choque frontal con la vida y costumbres cinematográficas del momento. En la sociología europea y mundial fue una visión y posteriormente un cambio radical en la existencia de la mujer, dotándola de autonomía, de liberación corporal y mental, de emancipación patriarcal y del varón, amén de la moda, cuyo eco sigue latiendo todavía en numerosas actrices y modelos. Una conocida firma ha lanzado ahora una serie de camisetas dedicadas a ella. Sin buscarlo, fue la primera feminista visible, impactante, del cine y de la historia social. Y toda una ‘influencer’, pasada y presente.   

-Pasó de ser feúcha y con aparato a la moderna Venus. ¿Fue el primer gran mito sexual de Europa?

De Europa y del mundo occidental. La Hayworth y Marilyn no alcanzaron en absoluto el nivel de sexualidad femenina al que llegó BB.

-¿Qué le debe a Roger Vadim? ¿Sería para ella como Josef von Sternberg para Marlene Dietrich o fue un poco más allá y la convirtió en un icono sexual?

Al principio, todo; mucho más que Sternberg. Este fue descubridor y amante de Marlene, Vadim fue marido, impulsor de su carrera y casi director de su vida. La conocía muy bien y sabía lo que podía obtener de ella, de tal manera que la llevó hasta donde él quiso en su sexualidad, porque ella era la primera que deseaba mostrar su cuerpo como respuesta a la hipocresía social. Por rodar, empujada por Vadim, hasta hubo en el mismo inicio tomas pornográficas para contentar a su descubridor, Marc Allégret, un voyeur obsesivo.  

-¿Qué pasaba con ella, qué elogios y críticas levantaba?

Uf, pasaba mucho. Allá por donde iba, despertaba una expectación y un acoso de fotógrafos y paparazzis como ninguna otra actriz mundial ha despertado, y sufrido. Tenía su domicilio rodeado día y noche, vigilada permanente, lo mismo con un fotógrafo escondido en un árbol a diez grados bajo cero que otro camuflado de submarinista para fotografiarla en su trozo de playa privada de La Madrague… Por no olvidar al presentador más popular de la televisión americana entrando como fontanero en su habitación del neoyorkino Hotel Plaza para cazar su intimidad. Un agobio del que se defendió escondiéndose, lo que obviamente causó antipatía y críticas, que, pese a todo, no taparon la admiración que millones de personas le profesaron. Otra cosa fueron las críticas cinematográficas, en las que quizá hubo más tarascadas que elogios.      

-En ‘Heraldo’ estuvo muy presente siempre. Uno de sus primeros glosadores fue José Luis Borau. ¿Cómo la veía?

De manera excepcional, augurándole un futuro esplendoroso. Tuvo olfato y él, desde París, y el Heraldo fueron los primeros en España en escribir de BB. Borau decía que no tenía rivales.

-En cambio, Eduardo Haro Tecglen fue un poco más crítico.

El luego gran intelectual progre no se enteró de nada. No fue más allá de lo superficial y del tópico de ‘mujer guapita pero tonta’. Increíble. 

-Hay un momento en que aludes a que encarnaba la ‘Lolita real’ y también “una nueva forma de ser joven”.

Cierto. Con cara aniñada y muy joven encarnaba, en cierto modo, a la Lolita nabokoviana. Y por supuesto, a una nueva juventud, como lo hizo Elvis con la música, curiosamente explotando popularmente los dos en el mismo año, en 1956. Mi admirado Agustín Sánchez Vidal centra el balón perfectamente en el prólogo de mi primer libro, afirmando que BB, frente a Marilyn, reformuló entonces la juventud como categoría sociológica.  

-¿Qué significó ‘Y Dios creó a la mujer’, que se estrenó quince años después, en 1971, en el Avenida? ¿Cómo la vimos con retraso?

Significó un calambrazo moral en medio mundo, por lo que presentaba, por lo que mostraba y por lo que sugería. Algo inaudito para la época. Aquí llegó 15 años más tarde por culpa de la maldita censura franquista. Ni el falangista y ultracatólico Arias-Salgado, ni Fraga, ni Sánchez Bella la dejaron pasar hasta que, después de una larga pugna de la importadora con la censura, entró en 1971 por la gatera de los cines de Arte y Ensayo, pero con más cortes que un afeitado ‘parkisoniano’. Teniendo en cuenta que, en origen, en Francia, ya se le cortó una cuarto de hora, y que aquí las tijeras se ensañaron con ella, en el Avenida se vio una deformación total de la película, por lo que la misma crítica, ignorante del afeitado, señalaba que “no era para tanto”. Claro, le faltaba más de media hora del metraje original.   

-Viajó mucho por España: quizá la anécdota más impresionante es la de los jóvenes sevillanos que la ven por la calle y se bajan los pantalones.

Un signo del ‘cafrismo’ carpetovetónico, quizá exagerado por la misma BB en sus memorias, pero en Sevilla la acosaron de manera absolutamente cavernícola, mostrándole hasta penes en erección.

-Anduvo por Málaga, Almería, varias veces, y la odió, estuvo en Granada y le fascinó. ¿Le gustaba algo de España? Creo que fue crítica con la gastronomía…

De España le entusiasmó especialmente el flamenco, que ella bailaba estupendamente, como se ve en ‘La femme et le pantin’. La Alhambra y el Albaicín la extasiaron, Torremolinos fue un paraíso natural hasta que estalló una brutal tormenta y huyó, en Marbella compró terreno y se puso la primera piedra para hacerse una casa, que luego no siguió adelante… Con la gastronomía no tuvo especial problema. Hubo cosas que no le gustaron y otras le entusiasmaron, que le pregunten por las patatas rellenas de caviar del Marbella Club…

-Aquí vivió dos situaciones amorosas, o más… Se citaba con Raf Vallone en Sevilla, quiso acostarse con un conserje, se dice que vivió un romance con Julián Mateos…

Lo de Raf Vallone fue en París, lo de Julián Mateos, un simple rumor… El único amorío real que tuvo en España fue con el galán mexicano Gustavo Rojo, cuyos pormenores detallo en este nuevo libro.  Ella lo obvió en sus memorias, seguramente por el desenlace.

– ‘Heraldo’ llegó a publicar a principios de los 60 un serial sobre ella. ¿Tanto interesaba?

Mucho. La gente estaba ansiosa de ver su figura y no digamos sus películas, pero solo llegaron las ‘blancas’. Se hablaba mucho de ella, pero más por lo prohibido que por lo conocido aquí. Ya instalada como figura, fueron numerosísimas las portadas o ‘unes’, según las llaman los franceses, que le dedicaron las revistas españolas, desde Hola a Semana, y sobre todo, Triunfo.  

-También vivió rivalidades y afinidades. ¿Es cierto que odió a Jeanne Moreau y que se entendió bien con Claudia Cardinale?

No, con la Moreau solo hubo un pique publicitario cuando ambas rodaban en México Viva María! Al ver que ella concedía entrevistas y hablaba de la película, BB se lanzó al ruedo e insólitamente abrió las puertas de la casa donde estaba instalada y concedió numerosas entrevistas y se dejó fotografiar. En un pispás empató el partido. La Cardinale la retó en exhibición dérmica de pectorales, pero no entró al trapo. Se llevaron muy bien mientras duró el rodaje en Madrid y Burgos. 

-¿Cómo explicas que suscitase el interés de tantos intelectuales: Simone de Beauvoir, Marguerite Duras, Françoise Sagan o André Maurois?

Fue un fenómeno único e irrepetible. El nuevo modelo de mujer que inventó, su libertad y su modelada anatomía estuvo en la base de su magnetismo para atraer no solo a la gente corriente sino a los mismos intelectuales, deslumbrados por el cambio social que provocó y el fenómeno en que se convirtió. Materia totalmente sociológica.

-Dejó una imagen de antipatía, frialdad, endiosamiento. ¿Es cierto o es uno de los equívocos que se vierten sobre ella?

Un tópico. No era nada de eso, era simplemente la dificultad que tenía para llevar una vida medianamente normal fuera de los focos. Jamás, como he comentado anteriormente, se ha acosado a una actriz como se acosó a ella, ni antes, ni después, ni ahora. Es duro convivir con la fama, pero lo suyo fue un asedio casi bélico. Louis Malle lo retrató perfectamente en la película Vida privada.  

-¿Por qué se intentó suicidar tantas veces?

Era muy débil de carácter. No sabía enfrentarse con valentía a las situaciones amargas, que no graves e insuperables, quizá como poso de indefensión ante el rígido dominio patriarcal que sufrió en su infancia, adolescencia y primera juventud. Los psicólogos tienen la palabra. 

-¿Qué queda de la Brigitte Bardot que recuperas?

Físicamente, claro, casi nada, si acaso su sonrisa. Desde hace unos quince años camina con muletas debido a la gran artrosis que padece, pero en lo personal sigue siendo una mujer fuerte para lo que ama, muy entregada a los animales y tan libre de pensamiento y actitud moral como lo fue en su juventud. Se le acusa de lepenista, pero no ha militado en la extrema derecha, rechazando incluso cargos. Dice lo que piensa, moleste en un lado u otro, sin ideología, y lo mismo simpatiza con los ‘chalecos amarillos’ -hasta se ha fotografiado con la prenda en señal de apoyo- que condena la inmigración desordenada o no suscribe el Me Too. Mas lo que no se olvida y quedará para siempre serán sus años de cine y belleza. Ah, y de canciones. Lástima que, en España, con una miope, denigrante y ombliguista TV pública, esté desahuciada.

‘El mito femenino en España’, el nuevo libro de Matías Uribe sobre BB

Nada hay de ficción en este relato. Los nombres de los personajes y los hechos que se narran en este nuevo libro fueron completamente reales. Brigitte Bardot, la principal protagonista de la historia, vino en numerosas ocasiones a España, entre finales de los años 50 y primeros 70, siendo este el país en el que más películas rodó, después de Francia. En Madrid se apasionó por el flamenco y por un galán del cine mexicano; de Torremolinos salió enferma huyendo a pie de los efectos devastadores de una gran tormenta; en Sevilla una turbamulta la manoseó y le mostró sus penes en la calle Sierpes; Almería fue un potro de tortura amorosa; Granada y la Alhambra la sumieron en el éxtasis; en Marbella quiso comprarse una casa; en Colmenar Viejo (Madrid) y Salas de los Infantes (Burgos) peleó cinematográficamente con Claudia Cardinale…

Su nombre, y su emergencia como gran estrella mundial del cine y como la primera y principal artífice femenina de la liberación del pensamiento y del cuerpo de la mujer, chocó, sin embargo, frontalmente con la férrea valla prohibicionista del franquismo. Ello generó ante los españoles una percepción deformada e incompleta de su vida y, sobre todo, de sus películas, muchas de las cuales, con la emblemática Y Dios creo la mujer a la cabeza, estuvieron censuradas durante muchos años, y otras ni llegaron a estrenarse.

A través de una exhaustiva investigación en archivos nacionales, hemerotecas, libros y revistas españolas se recompone el largo, lento y difícil camino de entrada del mito femenino en España. En nuestro país se habló de ella más por lo prohibido que por lo conocido, síntoma revelador de uno de los pilares más ostensibles y perniciosos de la ominosa dictadura de Franco: la censura.  

De todo ello da cuenta este libro publicado por Amazon a principios de septiembre de 2020