Mis 24 canciones favoritas

Fueron un total de 76 canciones las que Brigitte Bardot grabó a partir de 1962 en que inició su carrera discográfica de forma diletante y solo por amor a la música, hasta tal punto que, como ejercicio de relax, se metía en un estudio de grabación tras una dura jornada de rodaje y era como, tal que una deportista agotada, si recibiera una revitalizante sesión de baño y masaje. Los shows televisivos no los cobraba y nunca quiso ‘hacer escenario’ para no convertir su devoción en obligación.

Abarcó una gama de estilos amplia y elástica porque no le gustaba encasillarse, aunque en las baladas, a mi gusto, era donde mejor se defendía, con su voz pequeñita, sensual y amorosa. Aquí presento mis 24 favoritas de todas las que grabó, empezando por Le soleil y ese tono embriagadoramente lánguido que le imprimía. Y luego una sucesión que en el libro están explicadas, para terminar con Je t’aime moi non plus, que estaría en primer lugar si no hubiera pasado a manos de Jane Birkin. Ustedes las disfruten. 

Influencer de la moda de hoy

Claudia Shiffer, viva imagen de la BB de los sesenta

El estilo Bardot: sus vestidos ajustados, su maquillaje, sus labios pulposos, su pelo rubio oxigenado cayendo leoninamente por pecho y espalda, sus moños desgalichados (los famosos choucroute), los vestidos en tela vichy, el minishort, sus botas mosqueteras o las cómodas ballerinas. Hasta el propio De Gaulle, tan puritano y tan alto, pero tan zorreras, como lo calificó el periodista Feliciano Fidalgo, se siente fascinado por su belleza. El mito termina amasándose tanto en Estados Unidos como en Latinoamérica y Japón, dando la vuelta al mundo y perdurando en el tiempo: Claudia Schiffer, Gisele Bündchen, Pamela Anderson, Kate Moss o Sienna Miller han seguido su estela en los últimos años hasta el punto de que todavía hoy Brigitte Bardot sigue siendo para miles de jovencitas del mundo eso que hoy llaman una it girl o influencer. De hecho, una foto suya, a la contra de una Ava Gardner, una Sofía Loren e incluso una Rita Hayworth, que quedarían fuera de plano, demodé, encajaría perfectamente en una revista de hoy. Ella no solo hizo películas y discos sino que inventó el mundo de la moda del siglo XX, que aún perdura.

A la fin de l’eté, una de sus más bellas y románticas canciones

Dos joyitas de cofre de dormitorio emergían en el segundo álbum de Brigitte Bardot, publicado en 1964: À la fin de l’eté y Un jour comme un autre. Dos canciones enamoradizas, intimistas y delicadas, en las que un bello arreglo de trompeta cabalgaba a la par de la voz de Brigitte, sin llegar a eclipsarla pero casi: imposible no prestarles máxima atención, sonando como sonaban tan cercanas al Miles Davis melódico y enigmático de Ascensor para el cadalso. La primera de ellas, À la fin de l’eté, la recogió Françoise Hardy, tres años más tarde, en 1967, y la incluyó en su grandísimo álbum Ma jeneusse fout le camp, más arreglada y orquestada, una de las perlas de su carrera. El autor de este vídeo ha utilizado imágenes rodadas en Escocia de la película A coeur joie (1967) para cabalgar la hermosa canción, que aparecería unos meses más tarde en el cuarto EP de Brigitte, de 1964.

Y Dios creó la mujer, la película con la que estalló la ‘bardolatría’

La película con la que estalló el mito Bardot, o también comúnmente conocido como ‘bardolatría’. Se rodó en 1956 en Saint Tropez con guión y dirección de Roger Vadim. Una joven huérfana (Brigitte Bardot) es acogida por un matrimonio de avanzada edad que la pone a trabajar en un quiosco de prensa. El matrimonio la reprime y ella busca la emancipación con el arma principal de su físico. No hay hombre joven ni mayor que se le resista, con todos coquetea, aunque su punto de mira está en un viejo amor de infancia, el mayor de tres hermanos de una familia que se dedica al negocio de la restauración de barcos. Finalmente ni este ni un maduro industrial (Curd Jurgens) se casan con ella, lo hace el segundo de los hermanos (Jean Louis Trintignant). Pero el hermano mayor no disipa del pensamiento la mirada lasciva de la joven: un día mantiene relaciones sexuales con ella en la playa y entonces brota el manantial de venganza, celos, erotismo y hasta casi el asesinato que conduce al paroxismo de la película.